Tierra de Sal… ¿Qué onda con el tercer sector?

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Comunicatedigital.com / Mayra Sánchez García

La conformación y el empoderamiento del Tercer Sector -Social- ha venido en incremento en las últimas décadas. Hablar de la sociedad civil organizada implica, primero, estar consciente de que a nivel mundial existen entes ciudadanos, debidamente organizados bajo una personalidad jurídica e inscritas en un registro público y que NO tienen fines de lucro -y, por lo tanto, reinvierten sus beneficios en la propia actividad- y que son de titularidad privada.

Cabe mencionar que existen tipologías de entidades que NO han sido incluidas en este tercer sector, teniendo en cuenta su personalidad jurídica como: cooperativas (de consumidores, trabajo asociado, vivienda, enseñanza, sanidad, transporte, agricultura, etc.), exceptuando aquellas cooperativas de iniciativa social que no tienen ánimo de lucro; sociedades anónimas laborales; sociedades agrarias de transformación; empresas mercantiles no financieras controladas por agentes de la economía social; cooperativas de crédito (cajas rurales y cooperativas de crédito profesionales y populares) entre muchas otras.

La idea central se enmarca, que para ser Tercer Sector, debe estar encuadrada en “sin fines de lucro”. En ésta línea es, donde se sustenta el carácter social y la fortaleza que tienen estas OSC (organizaciones de la sociedad civil). Su misión o actividad principal está orientada a las inclusiones sociales de colectivos vulnerables y a desarrollar acciones sociales siguiendo principios de proximidad al territorio o el entorno.

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¿Qué debemos entender por economía social?

El término economía social surgió en la primera mitad del siglo XIX, cuando empezó a ser utilizado por autores franceses como Charles Dunoyer, Fréderic Le Play, Charles Gide, Leon Walras. En el siglo XIX, para muchos de sus defensores, el término economía social no designa sólo un tipo de organizaciones, sino también un cuestionamiento de la “economía de los economistas”, un enfoque que integra la problemática social al estudio de la economía. En la exposición universal de 1900, en Paris, se presentó un “Palacio de la Economía Social” descrito por el economista francés Charles Gide como una catedral cuya nave central comprendía tres partes: los poderes públicos, es decir las intervenciones públicas que atienden las necesidades sociales no satisfechas por el mercado, las asociaciones (entendidas como las asociaciones obreras), y las obras sociales de los patronos, la filantropía. Incluye así las instituciones que contribuyen a mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los obreros, asegurar contra los riesgos sociales, o permitir la independencia económica. (V. Oscar Bastidas. Economía social y Economía solidaria: Intento de Definición, 2001)

Ahora bien, si esta economía social se sustenta inicialmente en los movimientos económicos del siglo XIX, pues, entonces se convirtió en la alternativa social, como respuesta a las demandas sociales “fallidas” o más bien inconclusas.

Ahora bien, si bien es cierto que mundo y sociedad pueden girar de manera organizada, este tercer sector conformado por ESAL’s (entidades sin ánimo de lucro) existen y se conforman para satisfacer necesidades no cubiertas, no satisfechas por el estado ni por los mercados.

¿Qué son las ESAL’s?

La ESAL, sustenta su teoría en que, actúan como entidades que se ajustan a las capacidades restringidas (fallidas) de los otros sectores. Si bien es cierto que, el mercado tiene una limitación inherente para proveer bienes colectivos, dada esta posibilidad a las ESAL de acceder a ellos sin tener que pagar para obtenerlos, se vuelve una valiosa alternativa. Por el otro lado del Estado, en sistemas democráticos la producción de bienes colectivos por parte de él, depende del apoyo de las mayorías. Por tanto, ante las demandas de minorías sobre bienes colectivos, que el Estado no por su forma de operar no puede satisfacer (aunque debería) y dadas las limitaciones inherentes del mercado producir este tipo de bienes colectivos. El papel de las ESAL se convierten en una alternativa totalmente viable y que en muchos casos no ha sido valorada.

¿Qué podemos construir?

Si bien es cierto, que las ESAL’s se vuelven una alternativa, pues el reto es enorme, pues la forma en que cada sociedad desea construir, se sustenta en una muy particular percepción de la realidad. Hago esta referencia, pues la teoría popperiana de los tres mundos vino a mi mente. Y por otro lado, la siempre presente disertación entre economía social y economía solidaria como planteamientos la existencia de la realidad. La “realidad” discursiva, se apega a nuestro ser-en-el-mundo, y en este sentido podemos caer una serie de tropiezos que citan ya algunos teóricos sociales, y que no es tema de esa entrega.

Pero, lo que es igualmente de relevante, es la puntualización, que cada núcleo social, tiene necesidades muy específicas que están detectadas por la serie de voces que aprehenden y exponen en el discurso diario la solicitud de respuestas claras, eficaces y eficientes.

Estas propuestas argumentativas, son las que debido a su corta o larga temporalidad adquieren el sentido de la colectividad. Estas “solicitudes” que abanderan las voces de las OSC son las que entienden, viven y sienten sustentadas en el la experiencia diaria de los fenómenos observacionales, de las experiencia vividas y que como nuevos patrones de comportamiento social requieren una toma medidas emergentes y se vuelvan medidas permanentes.

Estos sucesos del “mundo real”, se pudieran interpretar como meros hechos independientes y aislados. Pero, sería una manera muy corta y limitada al tratar de justificar todas las “peticiones” sociales.

Hablando “en plata”, este ejercicio desde el tercer sector, se vuelve el preciado eslabón rumbo a la construcción de la democracia. Se evoca a la sociedad participativa. A la sociedad que tiene iniciativas propias. A la sociedad que le duele la pérdida de valores; le duele la violencia; los feminicidios; robos y asaltos; la impunidad entre otros.

La idea es elevar los niveles de participación ciudadana en la construcción de la gobernanza, ampliar los espacios de participación de todos y todas y, mejorar las posibilidades de interlocución entre los diversos actores sociales.

Algo fundamental es elevar el trabajo de la confianza y credibilidad de nuestras instituciones y tejer junto con ellas frentes temáticos para el fortalecimiento de nuestro tejido social.

Si bien es cierto que esto no es fácil, tampoco es imposible. Y sólo, quienes entiendan y valoren la importancia de la sociedad civil organizada o mejor conocido el Tercer Sector, serán capaces de incidir en favor del país que tanto deseamos.

AL TIEMPO.

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