Mensaje para la Cuaresma: Obispado de Tlaxcala

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Foto: ESPECIAL

Dejar paso a la fantasía de la misericordia”.

El Tiempo Litúrgico de la Cuaresma suscita en el ánimo de los creyentes una mayor sensibilidad y disponibilidad a la gracia de Dios. En efecto, son numerosas las personas que se acercan para recibir el sacramental de la ceniza con el cual se inicia el itinerario hacia la Pascua de Resurrección. En las Parroquias y Comunidades se promueve el rezo del Santo Viacrucis, se organizan retiros cuaresmales para distintos grupos de personas y son numerosos los fieles que se acercan al sacramento de la reconciliación, pues como afirma el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma de este año 2017: “… es un tiempo propicio para intensificar la vida del espíritu a través de los medios santos que la Iglesia nos ofrece: el ayuno, la oración y la limosna”.

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Quisiera atraer la mirada de todos hacia estas tres indicaciones que vienen sugeridas en el Evangelio según san Mateo que leeremos en el primer día del Tiempo de Cuaresma (cf. Mt 6, 1-6. 16 18), teniendo presente también la invitación del Profeta Joel (cf. 2, 12-18) a no quedarnos solamente en los signos externos de penitencia, sino que el deseo de convertirnos surja desde lo más íntimo de nuestro corazón.

  1. El ayuno. La práctica penitencial de la Iglesia nos invita al ayuno el miércoles ceniza y el viernes santo y a la abstinencia todos los viernes de Cuaresma. Se trata de experimentar también físicamente el hambre y la sed para reparar de algún modo nuestra inclinación hacia el pecado y ejercitar nuestro cuerpo y espíritu, a través de la ascesis para que vaya educando y fortaleciendo la voluntad con el fin de que se disponga al combate frente a los embates del espíritu del mal. Pero más allá de estas indicaciones sugeridas por el magisterio de la Iglesia, estamos llamados al ayuno que consiste en evitar aquellas palabras que pudieran lastimar, dañar y menoscabar la dignidad de mis semejantes; de esas acciones que generan violencia intrafamiliar y de las actitudes que destruyen la armonía social. De la misma manera, es tiempo oportuno para hacerle frente al “defecto predominante” que me afecta y perjudica a quienes me están entorno. Ha de ser ocasión propicia para hacer consciente y superar los vicios (alcoholismo, drogadicción, pornografía y otras adicciones) que arrastran a la persona hacia un estado de perturbación preocupante y, tal vez, irreversible.
  1. La oración. Ésta viene definida como el encuentro dialogante con un Dios que me habla y me escucha, bien sea a través de una experiencia personal, a solas y en actitud contemplativa, al igual que un encuentro que vivo y celebro con la comunidad a través de la liturgia. En efecto, la liturgia de estos días es sumamente rica en sus signos y expresiones y, de modo particular en la Palabra que escucharemos todos los días y, de manera especial los Domingos, pues como afirma el Papa Francisco en el mensaje cuaresmal de este año: “En la base de todo está la Palabra de Dios, que en este tiempo se nos invita a escuchar con mayor frecuencia”. En este proceso de revisión profunda para nuestra vida personal y comunitaria, para avanzar en el camino de nuestra conversión, dejémonos guiar por el salmo 50 que va aparecer con frecuencia en la liturgia de estos días. Encontraremos una gran riqueza en las prácticas de piedad, como el rezo del viacrucis que en muchas de nuestras comunidades se escenifica. De igual manera, asumamos una actitud contemplativa ante la imagen de Jesús crucificado que estamos llamados a venerar con profunda fe.
  1. La limosna. Se trata de ser creativos y concretos en el ejercicio de la caridad; de dar un paso de la solidaridad afectiva hacia la efectividad de la misma; como afirma el Papa Francisco: “Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia” (cf. Misericordia et misera, Carta apostólica al concluir el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, 20 de noviembre de 2016, n. 18).

Me permito sugerir algunos ejemplos de acciones solidarias a nuestro alcance que podrían potenciarse en este Tiempo de Cuaresma:

  • En nuestra Diócesis hemos acordado el primer domingo del mes como día en el cual se lleva en ofrecimiento eucarístico despensas para ser compartidas con las personas y familias más carentes de nuestras comunidades parroquiales.
  • Ir al encuentro de nuestros hermanos migrantes a través de la ayuda solidaria que bien podría hacerse llegar a la Casa del migrante “La Sagrada Familia” que se ubica en Apizaco.
  • Apoyar efectivamente a las personas adultas y ancianas en condición de indigencia a través de instituciones dedicadas a su atención, como por ejemplo el asilo que se encuentra en Españita.
  • Ayudar a las casas hogares que asisten a las niñas y niños en situación de vulnerabilidad como el hogar para niñas “Asilo Ocotlán” a cargo de las Hermanas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, fundadas por el P. José María Yermo y Parres; o al Hogar infantil “Nuestra Señora de la Caridad”, en Huamantla; al igual que la Casa Hogar “San Luis”, en Apizaquito, Apizaco, de los Misioneros de la Divina Redención.
  • Sostener las varias actividades que hacen parte de la Pastoral Social de la Diócesis (Caritas Diocesana, Pastoral penitenciaria, Pastoral de los Derechos Humanos, etc.) y de cada una de nuestras Parroquias encaminadas a aliviar la situación de sufrimiento de tantas personas y comunidades, como por ejemplo de quienes están recluidos en los Ceresos, de las mujeres necesitadas de apoyo al verse agredidas en su dignidad humana, etc.

Concluyo este mensaje invitándoles a leer y profundizar el documento del Papa Francisco “Misericordia et misera” ya citado, en el que encontramos una gran riqueza de indicaciones para vivir de manera muy concreta este Tiempo de gracia, pues “estamos llamados a hacer que crezca un cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son “artesanales”; ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la “materia” de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa”. (cf. Ibidem, n. 20).

Obispado de Tlaxcala, 1 de marzo de 2017

Miércoles de Ceniza

  1. Jorge Iván Gómez Gómez

Administrador Diocesano

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