La crisis del sector transporte es la prueba más contundente del fracaso de las reformas estructurales del gobierno federal

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Comunicatedigital.com / Arturo Loyola González

Foto: ESPECIAL

La crisis del sector transporte muestra el fracaso social y económico de las llamadas reformas estructurales porque contrario a lo que el gobierno federal y el PRI prometieron, el precio de los energéticos no bajó, sino que por el contrario: el precio de la energía eléctrica,
del gas, de la gasolina y del diésel han estado subiendo durante el 2016, y  ya se anunció que iniciando el 2017 seguirán subiendo.

A los aumentos de precios de los energéticos se sumó la devaluación del peso frente al dólar, y con ello la escalada de todos los precios en todos los productos y en todos los servicios.

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Ayer 27 de diciembre de 2015 el periódico El Universal, nos recordó que en enero de 2015 Enrique Peña Nieto en su mensaje de Año Nuevo dijo que gracias a la bondades de las reformas: energética y hacendaria, ya no habría más incrementos a la gasolina, al diésel y al
gas LP.

Mientras que en su mensaje de enero del 2016 dijo: que en el año anterior el desempleo bajó y la inflación fue la más baja de la historia, y que esa baja inflación reflejaba los beneficios de las reformas estructurales que eliminaron los gasolinazos; y remató su
discurso diciendo que: desde el 1º de enero de 2016, por primera vez en 24 años bajo el precio de las gasolinas y el diésel.

(Que conste que ambos mensajes de Año Nuevo fueron en el mes de enero, y no el 28 de diciembre cuando se conmemora el Día de los Inocentes; aunque todo indica que el Presidente de México asumió que todos los mexicanos éramos menores de dos años.)

El resultado de las reformas estructurales es que la economía no crece, la calidad de vida para millones de mexicanos ha empeorado, y la escalada de los precios no se detiene.

Recientemente, el economista Rogelio Ramírez de la O, en un artículo publicado en El Universal del 07/09/2016 denominado Deuda Pública y Crecimiento: en la mira del mercado, refiere que en una reciente nota de la calificadora Standard and Poor´s, ésta encuentra una explicación al desastre de la economía mexicana y, -él dice-, la calificadora de
ahí deriva una especie de lección: las reformas no siempre son suficientes para impulsar el crecimiento cuando hay deficiencias de gobernabilidad y en el estado de derecho.

Esto último es lo que explica la vertiginosa caída en la aprobación del Presidente hasta apenas un 33%, según la encuesta de Consulta Mitofsky, quien a su vez señala que tan sólo en el 2016 su nivel de aprobación bajó 7 puntos porcentuales. Cómo están las cosas que, según esta encuesta, los mexicanos consideran que el problema de la crisis económica es más grave que el problema de la inseguridad.

El modelo de crecimiento económico adoptado por México desde 1982 ya está en una muy grave crisis: el sector externo o de exportación y la privatización del sector paraestatal, nunca dieron los resultados prometidos por los gobiernos federales en turno; las malas prácticas priistas quisieron emular al Reino Unido y a los Estados Unidos, con la imposición a ultranza de las privatizaciones y el libre mercado, siendo que ahora esos países son los más proteccionistas.

Por todo esto, para el 2018 el país requiere un perfil que unifique lo mejor de la política mexicana, que se haya destacado por las mejores prácticas en el servicio público, que cohesiones a todos los grupos sociales y económicos del país, que encause su acción hacia el mismo rumbo para hacer de México un país de justicia y progreso para todos; alguien con claridad de acción de gobierno, pero también con responsabilidad económica y sentido social como condiciones necesarias para encausar el desarrollo.

El país necesita un presidente con amplia visión económica y social, que esté preparado para ejecutar acciones de gobierno en todos los ámbitos a fin de proyectar y posicionar a México en el ánimo de los mexicanos y en el entendimiento y el respeto del resto del mundo.

México requiere diversificar, al más amplio nivel, sus relaciones con el mundo y, equilibrar su crecimiento económico basado en el sector externo con el desarrollo efectivo de su mercado interno. Pero para poder lograrlo, primero se tiene que superar la crisis de gobernabilidad, resultado de la máxima tradición priista: la impunidad. Pero es imposible que con más prácticas priistas se pueda terminar con las mismas prácticas priistas.

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