Espacio UDLAP: Compramos lo que queremos, pero, ¿por qué queremos lo que compramos?

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Foto: UDLAP

La mercadotecnia es definida de diversas maneras de acuerdo a varios autores alrededor del mundo, sin embargo, el elemento común que siempre está presente es satisfacer deseos o necesidades, lo cual puede ser considerado como una tarea sencilla, cuando sólo se está leyendo dicha información, sin embargo, al decidir ponerlo en práctica, primero, ¿qué es lo que una persona quiere?, y segundo ¿cómo se le puede proporcionar? Esto imaginando que se tratara sólo de un individuo, pero en el momento que planteamos la situación real en la que participan sociedades y países con distintas culturas y estilos de vida, influye en la perspectiva que se puede tener del trabajo de un mercadólogo, por lo cual es necesario no sólo utilizar las herramientas de marketing como un único elemento para solucionar el problema; simultáneamente es indispensable el uso de un pensamiento estratégico para obtener los resultados deseados.

Ahora bien, si se parte de la percepción que tiene el consumidor dentro de un establecimiento comercial, éste va a hacer una adquisición con el pretexto que más se adapte en ese momento, pero que al final le adjudica valor a aquello que va a comprar y, al mismo tiempo, rentabilidad a la empresa. Este es el momento crucial en el cual el protagonismo es de la estrategia empleada para crear dicho valor.

El valor se crea a partir de la investigación del cliente. Es indiscutiblemente necesario conocerlo para abordarlo de tal manera que, el consumo se concrete y no quede como una posibilidad de entre tantas que hay en el mercado. De la misma manera debe considerarse la empatía como un aspecto muy importante al momento de querer tomar una decisión, porque sólo la vinculación que se crea con el segmento al que una marca se dirige, es lo que verdaderamente da a entender el reto a enfrentar.

Que un producto esté en una tienda es el resultado de un trabajo en conjunto de la empresa, pero es la mercadotecnia la que se encarga de otorgarle un lugar específico al objeto entre muchos espacios de un anaquel o escaparate. Para lograrlo se requiere más que pensar en un nombre que la gente recuerde y asocie con las bondades a representar o el diseño de la identidad gráfica, que en sí ya es mucho trabajo para llegar a una idea que presuma efectividad a pesar del tiempo; se busca la unión de atributos tangibles como las dimensiones, la forma y el color con los intangibles, como la imagen empresarial, el valor que le da al capital humano y la responsabilidad social que, si se saben manejar, ganan el respeto y la atención de un comprador, y el servicio que brindan: todo esto se comunica mediante una marca.

Lo anterior sólo es una parte de todo el proceso que debe seguirse para potenciar una venta, y si además se considera que debe crearse, desarrollarse y mantenerse una personalidad de cada marca para que haya una conexión con la persona que es, o aspira a ser lo que la marca transmite, se vuelve una oferta difícil de rechazar.

Todo esto se trata de conceptos conocidos, pero con una dinámica de trasfondo en la que nunca pensamos, que juega con los sentidos para provocar la mente de cualquiera. La realidad es lo que cada uno de nosotros percibe y la marca debe estar lo suficientemente trabajada para que, a pesar de ello, todos percibamos lo mismo; de ahí el reconocimiento que se le debe al esfuerzo empleado de cada área vinculada en un proyecto para hacer entrar al cliente en una dimensión planeada sin que se dé cuenta, y que a la vez ésta converja de forma homóloga con la de las demás personas.

Programa de Honores

Estudiante: Rebeca María Martínez Merino

Licenciatura: Negocios Internacionales

Escuela: Negocios y Economía

Mentor: Dra. Rocío del Carmen Moreno Sanabria

Proyecto de investigación: Estrategias de marketing en el contexto internacional

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